Hablar de «rima» en singular oculta que se trata de varios recursos distintos, con efectos distintos. Este guía repasa los principales y para qué sirve cada uno.
Coinciden todos los sonidos, vocales y consonantes, a partir de la última vocal acentuada: viento / lamento. Es la definición que recoge el Diccionario de la lengua española de la RAE, y la que Antonio Quilis desarrolla en su Métrica española.
Es la rima más cerrada y la más audible. Da sensación de acabado y de simetría, y por eso mismo puede sonar previsible si se emplea en todo un texto sin variación.
Coinciden solo las vocales a partir de la última acentuada: sombra / rosa.
Es más discreta y más flexible. Sostiene la musicalidad sin cerrar el verso del todo, lo que la hace especialmente útil en textos largos, donde la rima consonante continuada resultaría machacona.
El romance castellano se construye enteramente sobre ella: versos octosílabos con asonancia en los pares y los impares libres, una forma documentada desde el siglo XV y que llega intacta hasta el Romancero gitano de Lorca. Navarro Tomás señala en su Métrica española que esa combinación —ocho sílabas y asonancia— es la más duradera de la tradición en lengua castellana.
La rima no tiene por qué estar al final del verso. Dos palabras que riman dentro de una misma línea, o a mitad de dos líneas consecutivas, crean un eco más rápido y menos solemne.
Es un recurso frecuente en la canción, donde el oído dispone de menos tiempo que en la lectura.
Fuera de la métrica clásica se emplean también rimas parciales: sonidos parecidos que no coinciden del todo. En la canción contemporánea son muy comunes, porque la melodía tolera lo que la lectura silenciosa no toleraría.
No son un error. Son una manera de mantener el eco sin la sensación de cierre de la rima consonante.
La rima más exacta no es siempre la que mejor sirve al texto.
La disposición de las rimas en una estrofa —pareada, alterna, abrazada— cambia la manera en que el oyente agrupa los versos. Una rima alterna mantiene la tensión de un verso a otro; una pareada la resuelve enseguida.
El soneto castellano lo demuestra en catorce versos: dos cuartetos de rima abrazada (ABBA ABBA) que sostienen el planteamiento, y dos tercetos que lo resuelven. Garcilaso de la Vega lo importó de Italia en el siglo XVI junto con el endecasílabo, y Bécquer, tres siglos después, escribió sus Rimas mayoritariamente en asonante para conseguir justo lo contrario.
Elegir un esquema es decidir dónde el lector va a descansar.
Una lista de rimas es un punto de partida. La elección depende del sentido, del registro y de lo que la palabra le hace al verso.
El diccionario de rimas de Ilena vive junto a las definiciones y los sinónimos precisamente por eso: a menudo hay que saber qué significa una candidata antes de poder juzgarla.
Si cambiar el final del verso altera su medida, vea sílabas escritas y cantadas.
Ilena reúne rimas, definiciones, sinónimos, antónimos y versiones en un mismo entorno de escritura.