Cómo escribir una canción

Una canción puede empezar en cualquier parte: una frase, una imagen, una melodía, un ritmo, unos acordes o una idea que no se va.

La dificultad rara vez está en tener algo que decir. Está en convertir ese primer material en una canción que se sostenga: una letra con dirección, un estribillo que merezca volver, estrofas que avancen y un ritmo en el que las palabras puedan vivir de verdad.

No hay una sola manera correcta. Hay quien empieza por la música y quien empieza por la letra. Hay quien construye toda la estructura antes del primer verso y quien descubre la forma mientras avanza.

Lo que sigue no es una regla. Son siete preguntas en un orden útil, para que la canción siga siendo suya de principio a fin.

1. Decida qué debe llevar la canción

Antes de buscar una sola rima, intente decir el núcleo de la canción en una o dos frases.

¿Qué debe quedarse con quien la escucha? ¿Una historia? ¿Una rabia? ¿Un recuerdo? ¿Una escena? ¿Una contradicción? ¿Una frase que le habría gustado decir?

Esa intención no aparecerá necesariamente tal cual en la letra. Sirve de punto de referencia.

Cuando haya varias formulaciones posibles, pregúntese cuál la sirve mejor. Un verso hermoso que lleva la canción a otra parte no es el verso de esta canción.

2. Encuentre el punto de vista

La misma historia cambia por completo según quién la cuente.

¿Habla un yo directamente? ¿Hay un al que la canción se dirige? ¿Un narrador que observa? ¿Se cuenta mientras ocurre o después?

Elegir el punto de vista da coherencia al vocabulario y a las imágenes. También evita un problema frecuente: estrofas que parecen pertenecer a canciones distintas.

Puede cambiar de punto de vista a propósito. Lo importante es que sea una decisión y no un descuido.

3. Dé una función al estribillo

Un estribillo no es solo una sección que se repite.

Suele ser el lugar donde la canción afirma su idea central, plantea su pregunta principal o libera la tensión que las estrofas han construido. La copla y el bolero lo llevan al extremo: el estribillo no cambia nunca, y cada estrofa lo obliga a significar algo distinto.

Intente resumir qué debe conseguir el estribillo antes de buscar su formulación definitiva. Puede:

Un buen estribillo no tiene que explicarlo todo. Tiene que merecer su vuelta.

4. Haga avanzar las estrofas

Si el estribillo es el punto fijo, las estrofas son el movimiento.

Evite repetir la misma idea con otras palabras. Cada estrofa puede añadir una imagen, una consecuencia, un detalle, una contradicción o un paso de la historia.

Una pregunta útil: ¿qué sabe la segunda estrofa que la primera todavía no sabía?

Esa progresión es lo que da una razón para seguir escuchando. Un verso puede ser hermoso por sí solo y aun así frenar la canción si no hace avanzar nada.

5. Trabaje el ritmo de las palabras

Un verso puede parecer perfecto en la página y volverse torpe en cuanto se canta.

La métrica española cuenta sílabas, y lo hace con dos reglas que conviene tener presentes. La sinalefa une en una sola sílaba la vocal final de una palabra y la inicial de la siguiente: «todo el aire» mide cuatro sílabas métricas y no cinco, aunque al cantarlo se puedan separar las vocales. Y el verso terminado en palabra aguda suma una sílaba, mientras que el terminado en esdrújula resta una. Antonio Quilis fija ambas en su Métrica española; sin ellas, dos endecasílabos correctos parecerían medir diez y doce.

Lea la letra en voz alta. Cántela, aunque sea mal. Compare los versos que ocupan el mismo lugar en dos estrofas.

Si un verso se resiste, no cambie su idea de entrada. A menudo basta con sustituir una palabra para liberar el ritmo.

El contador de sílabas le permite comparar los versos sin convertir la medida en una regla absoluta, y el diccionario de rimas abre opciones cuando lo que se resiste es el final.

6. Use la rima al servicio del sentido

La rima da cohesión, crea expectativa y hace memorable una frase. También empuja a escribir versos que nadie habría elegido de otro modo.

Empiece por lo que quiere decir y busque después los sonidos que puedan servirlo.

El castellano ofrece aquí una salida que tiene codificada como pocas lenguas: la rima asonante, en la que solo coinciden las vocales a partir de la última acentuada. Sostiene la musicalidad sin cerrar el verso, y es la que ha sostenido el romance desde el siglo XV hasta el Romancero gitano de Lorca. Una asonancia bien elegida suele servir mejor a una letra larga que una sucesión de consonantes.

Ilena integra la búsqueda de rimas en el entorno de escritura para que las opciones sigan unidas al texto. Vea también Ilena para letristas.

7. Reescriba sin miedo a perder

La primera versión de una canción sirve casi siempre para descubrir en qué quiere convertirse.

Vuelva sobre los versos que explican de más. Busque las palabras débiles. Compruebe si una imagen puede sustituir a una explicación. Pruebe un estribillo más corto. Quite un verso y vea si se echa en falta.

Y sobre todo, conserve sus versiones.

Reescribir es más libre cuando un intento no borra lo anterior. Un verso retirado hoy puede ser mañana la mejor solución.

Fuentes

Un programa para escribir canciones no debería escribir la canción por usted

Hoy no faltan herramientas capaces de producir letras deprisa. Pero escribir más texto no es escribir una canción mejor.

Si busca un programa para escribir canciones, hágase una pregunta sencilla: ¿quiere delegar la canción o trabajar mejor la suya?

Ilena se diseñó para la segunda respuesta. Usted escribe. Ilena le ayuda a buscar rimas, explorar palabras, observar sus versos, comparar formulaciones y conservar sus versiones.

La canción sigue siendo suya. Las palabras también.

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